Los pendientes que perdí
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Emma y Jorge son grandes amigos y comparten muchos gustos, pero hay algo que Jorge también quiere hacer: llevar pendientes. Sus padres no están de acuerdo y ninguno de los dos amigos comprende por qué algo tan sencillo debería depender de ser niño o niña.
Los pendientes que perdí, de Sandra Alonso e ilustrado por Cristina G. Cintado, es un álbum sobre igualdad, amistad y estereotipos de género que invita a los niños a cuestionar esas normas que todavía determinan qué ropa, colores, juguetes o complementos «corresponden» a cada persona.
Un cuento para crecer entendiendo que nuestros gustos no deberían estar limitados por ser niño o niña y que cada persona merece poder expresarse y ser respetada tal y como es.
Descripción
Los pendientes que perdí
Emma y Jorge son muy amigos. Aunque han crecido rodeados de expectativas diferentes sobre cómo debe ser una niña y cómo debe ser un niño, comparten muchos gustos y disfrutan estando juntos. Hasta que un día aparece algo que ninguno de los dos consigue comprender: Jorge quiere llevar pendientes, pero sus padres reaccionan negativamente y no se lo permiten.
Los dos amigos están tristes y se preguntan por qué Jorge no puede elegir algo que le gusta. A partir de ese momento idearán un plan para que, con el tiempo, pueda ejercer su libertad y llevar los pendientes que quiera.
Los pendientes que perdí, escrito por Sandra Alonso e ilustrado por Cristina G. Cintado, es un cuento sobre amistad e igualdad que invita a mirar con ojos infantiles algunas de las normas y estereotipos que los adultos hemos normalizado.
¿Por qué ella sí y él no?
La pregunta que plantea la historia es aparentemente sencilla: ¿por qué Emma puede llevar pendientes y Jorge no? Intentar responderla nos conduce directamente hacia muchas de las expectativas que todavía asociamos al género.
Desde pequeños, los niños reciben mensajes sobre los colores que deberían gustarles, la ropa que pueden utilizar, los juguetes que corresponden a cada uno o incluso la forma en la que deberían comportarse. Muchas veces estos mensajes aparecen de manera tan cotidiana que ni siquiera somos conscientes de estar transmitiéndolos.
Rosa para Emma, azul para Jorge
La propia autora explica que los dos protagonistas han sido educados de formas diferentes. A Emma la han vestido de rosa, le han hecho distintos peinados y ha jugado con muñecas, mientras que Jorge ha vestido de azul, ha jugado con camiones y, por supuesto, no ha llevado pendientes.
El cuento utiliza estos ejemplos reconocibles para hacernos pensar sobre algo importante: muchas de esas diferencias no responden a las capacidades o intereses reales de cada niño, sino a expectativas sociales que hemos aprendido y continuamos reproduciendo.
Los juguetes no tienen género
Muñecas, camiones, cocinitas, construcciones, disfraces, coches o peluches pueden proporcionar experiencias de juego diferentes, pero ninguna de ellas necesita estar reservada exclusivamente a niños o niñas.
Cuando permitimos que los pequeños exploren libremente, ampliamos sus posibilidades de juego y aprendizaje. Un niño puede disfrutar cuidando una muñeca y una niña construyendo una carretera sin que ninguna de esas elecciones necesite convertirse en algo extraordinario.
Tampoco los colores
El rosa y el azul son solamente colores, pero durante generaciones han estado cargados de significados relacionados con el género. Incluso antes del nacimiento, muchas decisiones sobre ropa, habitaciones y objetos infantiles pueden empezar a organizarse alrededor de esta división.
Los pendientes que perdí permite cuestionar estas asociaciones desde una situación muy concreta. Si algo nos gusta y no hace daño a nadie, podemos preguntarnos qué motivo existe realmente para prohibirlo únicamente porque tradicionalmente se ha asociado a otro género.
Jorge quiere llevar pendientes
El conflicto del cuento no parte de una gran reivindicación abstracta. Jorge simplemente quiere llevar un complemento que le gusta, igual que puede gustarle una camiseta, un peinado o un determinado color.
Precisamente esa sencillez hace que la historia resulte útil para hablar con los niños. En lugar de explicar primero conceptos complejos sobre estereotipos y roles de género, podemos observar una situación concreta y preguntarnos juntos si nos parece justa.
La libertad de expresar nuestros gustos
Durante la infancia estamos descubriendo quiénes somos y qué cosas nos gustan. Poder probar, elegir y cambiar de opinión forma parte de ese proceso.
Eso no significa que los adultos dejemos de establecer límites necesarios, pero sí que podemos revisar aquellos que únicamente proceden de convenciones sobre cómo debería vestir, jugar o expresarse un niño por ser niño o una niña por ser niña.
Ser diferente no debería convertirse en un problema
Cuando un niño elige algo que se aleja de las expectativas habituales puede encontrarse con comentarios, risas o preguntas de otras personas. La reacción del entorno puede terminar teniendo mucho más peso que la propia elección.
Por eso, trabajar el respeto desde edades tempranas resulta fundamental. No necesitamos compartir los gustos de los demás para tratarlos bien, y aquello que una persona lleva puesto o el juguete que elige no debería convertirse en una excusa para ridiculizarla.
Emma, una amiga que está al lado de Jorge
La amistad ocupa también un lugar importante en la historia. Emma no entiende por qué su amigo no puede llevar pendientes y comparte con él la tristeza que le provoca esa prohibición.
Su relación permite hablar de lo que significa acompañar a alguien cuando sentimos que está siendo tratado de manera injusta. La amistad no consiste únicamente en jugar juntos; también puede significar escuchar, respetar y apoyar a la otra persona.
Aprender a mirar las normas con otros ojos
Los niños tienen una habilidad especial para formular preguntas sobre cosas que los adultos hemos dejado de cuestionar. «¿Por qué?» puede convertirse en una herramienta extraordinaria cuando queremos educar en igualdad.
¿Por qué determinada ropa es de niña? ¿Por qué un niño no puede llevar pendientes? ¿Por qué una niña no puede querer el mismo juguete? A veces intentar explicar estas normas en voz alta es suficiente para descubrir que no tenemos una razón demasiado sólida para mantenerlas.
Igualdad no significa que todos seamos iguales
Educar en igualdad no consiste en conseguir que todos los niños tengan los mismos gustos. Precisamente significa permitir que cada uno pueda desarrollar los suyos sin que su género determine de antemano cuáles deberían ser.
Habrá niños a los que les encanten los camiones y niñas que prefieran las muñecas, y también ocurrirá al contrario. El objetivo no es cambiar unas preferencias por otras, sino evitar que las posibilidades estén limitadas antes incluso de poder explorarlas.
Cuidado también con las etiquetas positivas
Podemos caer en el error de convertir cualquier elección que rompe un estereotipo en una característica que define completamente al niño. Sin embargo, Jorge querer llevar pendientes no necesita convertirse en una explicación sobre toda su personalidad.
Los niños pueden experimentar con su imagen, cambiar de gustos y descubrir nuevas preferencias. Darles espacio para hacerlo sin etiquetarlos también forma parte del respeto a su individualidad.
Un cuento especialmente interesante para el aula
En Educación Infantil, los estereotipos de género pueden aparecer de forma muy espontánea. Expresiones como «eso es de niñas» o «los niños no hacen eso» pueden surgir durante el juego incluso cuando los adultos no las hemos utilizado directamente.
Los pendientes que perdí ofrece una situación concreta desde la que conversar sobre estas ideas sin comenzar con una explicación teórica. Podemos preguntar qué piensa el grupo sobre la decisión de los padres de Jorge y escuchar los argumentos que aparecen.
¿Hay cosas de niños y cosas de niñas?
Después de la lectura podemos observar objetos cotidianos, juguetes, prendas o colores y preguntarnos quién puede utilizarlos. La respuesta puede parecer evidente para los adultos, pero la conversación permite descubrir qué asociaciones han construido ya los niños.
No se trata de decirles qué deben pensar, sino de ayudarles a razonar. ¿Puede una niña jugar con un camión? ¿Puede un niño vestir de rosa? ¿Quién decide qué pendientes nos gustan? Las respuestas pueden abrir conversaciones muy interesantes sobre libertad y respeto.
La familia también transmite estereotipos sin darse cuenta
En la historia son los padres de Jorge quienes reaccionan negativamente ante su deseo de llevar pendientes. Esto permite mirar también hacia el mundo adulto sin necesidad de convertir a la familia en «los malos» del cuento.
Todos hemos crecido dentro de una cultura determinada y podemos reproducir ideas aprendidas sin haberlas cuestionado. Educar también implica revisar nuestras propias expectativas y preguntarnos si algunos límites protegen realmente al niño o simplemente mantienen una costumbre.
Respetar sin imponer una nueva forma de ser
Romper estereotipos tampoco significa decir a los niños cómo deben expresarse para demostrar que somos una familia o una escuela igualitaria. Una niña puede adorar el rosa y las princesas; un niño puede preferir los coches y el fútbol.
La libertad funciona en todas las direcciones. Lo importante es que esas preferencias sean posibilidades y no obligaciones, y que podamos respetar igualmente a quien elige algo diferente.
Un álbum para hablar de respeto desde pequeños
Con una historia sencilla y cercana, Los pendientes que perdí permite introducir conceptos que serán importantes durante toda la infancia: igualdad, libertad, amistad y respeto hacia las elecciones de los demás.
No hace falta esperar a que aparezca un conflicto para hablar de ellos. Encontrar desde pequeños personajes que cuestionan los estereotipos ayuda a construir referentes más amplios y a comprender que existen muchas maneras válidas de expresarnos.
Ser quien somos sin hacer daño a nadie
Jorge no está pidiendo algo extraordinario. Quiere elegir un complemento que le gusta y no comprende por qué su género debería impedírselo.
Esa situación convierte Los pendientes que perdí en una historia sencilla pero con muchas posibilidades de conversación. Un cuento de Sandra Alonso y Cristina G. Cintado para recordar que educar en igualdad también consiste en permitir que cada niño descubra sus gustos sin encerrarlo dentro de lo que tradicionalmente esperamos de él.
¿Por qué nos gusta?
- Aborda la igualdad desde una situación sencilla y comprensible para los niños.
- Ayuda a identificar estereotipos de género presentes en la vida cotidiana.
- Permite cuestionar la asociación de juguetes, colores o complementos con niños o niñas.
- Defiende la libertad para expresar nuestros propios gustos.
- Trabaja el respeto hacia las elecciones de otras personas.
- Presenta la amistad como espacio de apoyo y acompañamiento.
- Puede generar conversaciones muy interesantes en Educación Infantil.
- Ayuda a detectar expresiones como «eso es de niños» o «eso es de niñas».
- No necesita negar gustos tradicionalmente asociados a cada género para defender la igualdad.
- Puede utilizarse tanto en familia como en el aula.
- Está escrito por Sandra Alonso e ilustrado por Cristina G. Cintado.
- Recomendado a partir de 3 años.
Ficha técnica
Título: Los pendientes que perdí
Autora: Sandra Alonso Villar
Ilustradora: Cristina G. Cintado
Editorial: Carambuco Ediciones
Colección: Calita
Idioma: Castellano
Páginas: 28
Encuadernación: Tapa dura
Formato: 17,5 × 22 cm
Año de publicación: 2019
Edad recomendada: A partir de 3 años
EAN / ISBN: 9788417766115
Materias
- Álbum ilustrado
- Igualdad
- Estereotipos de género
- Roles de género
- Coeducación
- Amistad
- Respeto
- Libertad de expresión
- Identidad
- Diversidad
- Convivencia
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