El miedo en el bolsillo
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Joel tiene miedo y necesita ayuda. Pero esta vez el hada del miedo se ha hecho daño y será el hada de los volcanes quien tenga que acompañarlo. Hay un pequeño problema: ella también tendrá que enfrentarse a sus propios miedos.
El miedo en el bolsillo, de Míriam Tirado y Joan Turu, es un álbum ilustrado para ayudar a los niños a comprender el miedo, expresarlo y descubrir recursos para atravesarlo sin sentirse solos.
Una historia que recuerda algo importante: sentir miedo no significa ser menos valiente. Podemos aprender a escucharlo, compartirlo y seguir adelante incluso cuando todavía está ahí.
Descripción
El miedo en el bolsillo
El hada de los volcanes tiene una nueva misión.
Esta vez debe ayudar a Joel, un niño que está sintiendo miedo.
Normalmente esta tarea correspondería al hada del miedo, pero se ha hecho daño y no puede acudir.
Así que el hada de los volcanes tendrá que ocupar su lugar.
Parece preparada para ayudar a Joel, pero pronto descubrirá algo importante: para acompañarlo también tendrá que enfrentarse a sus propios miedos.
El miedo en el bolsillo, escrito por Míriam Tirado e ilustrado por Joan Turu, recupera el universo de Tengo un volcán para acercarse a otra de las grandes emociones de la infancia: el miedo.
Tener miedo no significa que algo vaya mal
Todos sentimos miedo.
Los niños.
Los adultos.
Incluso las hadas.
El miedo forma parte de nuestro sistema de protección y aparece cuando percibimos que algo puede representar un peligro o cuando nos encontramos ante situaciones que generan incertidumbre.
El problema no está simplemente en sentirlo.
Lo importante es aprender progresivamente a reconocer qué nos ocurre y descubrir qué podemos hacer cuando aparece.
¿A qué tenemos miedo?
Los miedos infantiles pueden adoptar formas muy diferentes.
La oscuridad.
Dormir solos.
Separarse de las personas que quieren.
Un ruido desconocido.
Ir a un lugar nuevo.
Hacer algo por primera vez.
Equivocarse.
Que ocurra algo malo.
Aquello que para un adulto puede parecer pequeño puede sentirse enorme desde la experiencia de un niño.
Por eso acompañar el miedo empieza por tomarlo en serio.
«No tengas miedo» no siempre ayuda
Cuando queremos tranquilizar a un niño podemos decir rápidamente:
«No pasa nada».
«No tengas miedo».
«Eso no da miedo».
Lo hacemos intentando ayudar.
Pero si el niño ya está sintiendo miedo, decirle que no debería sentirlo difícilmente hará que desaparezca.
Podemos probar algo diferente.
Escuchar.
Preguntar.
Poner palabras.
Acompañar.
Porque sentirse comprendido puede ser el primer paso para empezar a transitar aquello que nos asusta.
El miedo necesita ser escuchado
Las emociones nos proporcionan información.
El miedo puede estar diciéndonos que percibimos una amenaza, que necesitamos protección o simplemente que nos encontramos ante algo desconocido.
Escucharlo no significa obedecer siempre aquello que nos dice.
Significa reconocer que está ahí.
Cuando conseguimos identificarlo podemos empezar a preguntarnos:
¿Qué me da miedo exactamente?
¿Qué necesito?
¿Hay algo que pueda hacer?
¿Necesito que alguien me acompañe?
También los adultos tenemos miedo
Uno de los elementos especialmente interesantes de la historia es que el hada de los volcanes también tendrá que enfrentarse a sus propios miedos.
Quien acompaña no tiene que ser una persona que nunca siente miedo.
Los adultos también dudamos.
También nos preocupamos.
También nos enfrentamos a situaciones nuevas.
Podemos acompañar a un niño sin presentarnos como seres invulnerables.
Incluso reconocer de forma adecuada que nosotros también hemos sentido miedo alguna vez puede ayudar a normalizar la emoción.
Ser valiente no significa no tener miedo
A menudo presentamos la valentía y el miedo como si fueran opuestos.
Pero podemos sentir miedo y hacer algo igualmente.
Podemos necesitar tiempo.
Podemos pedir compañía.
Podemos avanzar poco a poco.
La valentía no tiene por qué consistir en hacer desaparecer el miedo.
Muchas veces consiste en encontrar una manera de continuar aunque una parte de nosotros todavía esté asustada.
El miedo puede hacerse más pequeño
Algunos miedos disminuyen cuando comprendemos mejor aquello que está ocurriendo.
Otros necesitan tiempo.
Y algunos requieren pequeñas aproximaciones progresivas.
Lo importante es no convertir el proceso en una carrera.
Cada niño puede necesitar ritmos y apoyos diferentes.
El miedo en el bolsillo permite introducir precisamente esa idea de tránsito: no tenemos que resolver inmediatamente todo aquello que nos asusta.
Podemos aprender a caminar con ello.
Poder hablar cambia las cosas
Un miedo que no sabemos explicar puede resultar todavía más difícil de gestionar.
Por eso poner palabras a aquello que sentimos puede ser un recurso importante.
«Me da miedo quedarme solo».
«Tengo miedo de que se rían».
«No quiero entrar porque no sé qué va a pasar».
Cuando conseguimos concretar aquello que nos preocupa, los adultos podemos comprender mejor qué necesita el niño.
Y el propio niño puede empezar a comprender mejor lo que le está ocurriendo.
No ridiculizar los miedos
«Eso es una tontería».
«Ya eres mayor para tener miedo de eso».
«Mira, tu hermano no tiene miedo».
Este tipo de respuestas pueden conseguir que el niño deje de contarnos aquello que siente, pero no necesariamente que deje de sentirlo.
Los miedos no necesitan ser lógicos desde nuestra mirada adulta para resultar reales para quien los experimenta.
Escuchar sin ridiculizar ayuda a conservar algo fundamental: la confianza para pedir ayuda.
Tampoco necesitamos evitarlo todo
Validar un miedo no significa que tengamos que eliminar inmediatamente cualquier situación que lo provoque.
Si evitamos sistemáticamente todo aquello que genera miedo, podemos impedir que el niño descubra que dispone de recursos para afrontar algunas situaciones.
Acompañar implica buscar un equilibrio.
Escuchar.
Proteger cuando sea necesario.
Ofrecer seguridad.
Y permitir pequeños pasos cuando el niño esté preparado.
Nuestro cuerpo también siente miedo
El miedo no aparece únicamente en nuestros pensamientos.
Puede sentirse en el cuerpo.
El corazón puede acelerarse.
La respiración cambia.
Podemos sentir tensión, ganas de escapar o necesidad de acercarnos a alguien en quien confiamos.
Aprender a reconocer esas señales ayuda a los niños a identificar antes aquello que les está ocurriendo.
«Creo que tengo miedo» es una información mucho más útil que simplemente sentir que algo va mal sin saber qué es.
Tener recursos no significa hacerlo solos
A medida que crecemos vamos desarrollando estrategias para gestionar nuestras emociones.
Pero autonomía no significa soledad.
Podemos tener recursos propios y seguir necesitando a otras personas.
Pedir compañía.
Buscar un abrazo.
Contar lo que nos ocurre.
Pedir ayuda.
Todo ello puede formar parte de una manera saludable de afrontar el miedo.
Un cuento para abrir conversaciones
El miedo en el bolsillo puede utilizarse para empezar a hablar sobre aquello que preocupa a los niños sin interrogarlos directamente.
Podemos comenzar por Joel.
¿Qué crees que está sintiendo?
¿Por qué tendrá miedo?
¿Qué podría ayudarle?
Después, si el niño quiere, podemos acercarnos a su propia experiencia.
¿Alguna vez has sentido algo parecido?
¿Qué te ayuda cuando tienes miedo?
La historia crea así una distancia segura desde la que comenzar a conversar.
El miedo en el aula
El miedo también está presente en la escuela.
Puede aparecer ante una exposición oral, una actividad nueva, una separación, un cambio de clase, un conflicto con compañeros o la posibilidad de equivocarse.
Disponer de un lenguaje común para hablar sobre él puede ayudar a que los niños comprendan que no son los únicos que sienten esa emoción.
También permite construir un entorno donde pedir ayuda no sea motivo de vergüenza.
Cada miedo necesita una mirada diferente
No todos los miedos son iguales.
Algunos son propios de determinadas etapas.
Otros aparecen después de una experiencia concreta.
Algunos disminuyen rápidamente y otros permanecen durante más tiempo.
Por eso no existe una única estrategia que sirva siempre.
Escuchar qué está ocurriendo y observar cómo afecta al niño resulta más útil que intentar aplicar automáticamente la misma solución.
Y si un miedo es muy intenso, persiste o limita significativamente su vida cotidiana, puede ser conveniente buscar orientación profesional.
Del volcán al miedo
Quienes conocen Tengo un volcán reconocerán inmediatamente al hada de los volcanes.
Esta vez cambia la misión, pero se mantiene una idea importante dentro del universo creado por Míriam Tirado y Joan Turu: las emociones no son enemigos que tengamos que expulsar.
Podemos conocerlas.
Ponerles nombre.
Escuchar lo que intentan decirnos.
Y desarrollar herramientas para relacionarnos con ellas de una manera cada vez más consciente.
Llevar el miedo en el bolsillo
Quizá no podamos garantizar a un niño que nunca volverá a sentir miedo.
Tampoco nosotros podemos hacerlo.
Pero sí podemos ayudarle a descubrir que el miedo no tiene por qué decidir siempre por él.
Puede reconocerlo.
Puede hablar sobre él.
Puede pedir ayuda.
Puede avanzar a su ritmo.
Y puede descubrir que ser valiente no consiste en vivir sin miedo.
A veces consiste simplemente en saber que está ahí, guardarlo durante un rato en el bolsillo y continuar caminando.
¿Por qué nos gusta?
- Presenta el miedo como una emoción natural y no como algo que haya que esconder.
- Ayuda a los niños a poner palabras a aquello que les asusta.
- Permite hablar sobre diferentes miedos infantiles.
- Refuerza la importancia de sentirse escuchado y acompañado.
- Evita asociar valentía con ausencia de miedo.
- Muestra que los adultos y quienes acompañan también pueden sentir miedo.
- Favorece conversaciones sobre recursos y estrategias para afrontar situaciones difíciles.
- Refuerza la idea de pedir ayuda cuando la necesitamos.
- Tiene recorrido tanto en familia como en el aula.
- Recupera al hada de los volcanes, personaje del universo de Tengo un volcán.
- Está escrito por Míriam Tirado e ilustrado por Joan Turu.
- Esta edición en tapa dura está recomendada a partir de 4 años.
Ficha técnica
Título: El miedo en el bolsillo
Autora: Míriam Tirado
Ilustrador: Joan Turu
Editorial: Carambuco
Colección: Calita
Idioma: Castellano
Páginas: 36 / 26
Encuadernación: Tapa dura / Libro de cartón duro
Formato: 25 × 25 cm
Fecha de publicación: 25 de junio de 2025
Edad recomendada: A partir de 4 años
EAN / ISBN: 9788410252233
Materias
- Álbum ilustrado
- Miedo
- Educación emocional
- Valentía
- Autoconocimiento
- Autoestima
- Seguridad
- Acompañamiento emocional
- Crianza respetuosa
- Emociones
Información adicional
| Dimensiones | 22 × 17.5 × 1.2 mm |
|---|---|
| Formato | Cartón duro (3 a 4 años), Álbum ilustrado |
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