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Fuera Etiquetas

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«Es tímido». «Es mandona». «Es torpe». «Es el listo de la clase»… A veces utilizamos una palabra para describir a alguien y, sin darnos cuenta, terminamos haciendo que esa palabra parezca definirlo por completo.

¡Fuera etiquetas!, de Lucía Serrano, es un álbum ilustrado sobre el poder de las palabras, los prejuicios y las etiquetas que ponemos a los demás.

Una historia para descubrir que nadie puede reducirse a una sola característica: somos diferentes según el momento, cambiamos, aprendemos y tenemos muchas formas de ser. Un recurso especialmente interesante para trabajar convivencia, respeto e inclusión en casa y en el aula.

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Descripción

¡Fuera etiquetas!

A veces basta una palabra.

«Tímido».

«Mandona».

«Torpe».

«Listo».

«Problemático».

Empezamos utilizándola para describir algo que una persona ha hecho o una característica que creemos observar y, casi sin darnos cuenta, esa palabra comienza a ocuparlo todo.

¡Fuera etiquetas!, de Lucía Serrano, es un álbum ilustrado que invita a niños y adultos a reflexionar sobre las palabras que utilizamos para describir a los demás, el peso que pueden adquirir y las consecuencias de encasillar a una persona.

Porque podemos ser de muchas maneras.

Y ninguna palabra debería convertirse en una caja de la que resulte difícil salir.

Cuando una característica se convierte en una persona

No es lo mismo decir que un niño ha hablado poco durante una actividad que afirmar que «es tímido».

No es lo mismo señalar una conducta concreta que convertirla en una definición permanente.

Las etiquetas simplifican.

Nos permiten clasificar rápidamente a alguien, pero en ese proceso podemos perder toda la complejidad que existe detrás.

Un niño puede mostrarse reservado en una situación y participar muchísimo en otra. Puede necesitar ayuda con determinadas tareas y destacar en otras. Puede comportarse de una manera hoy y aprender algo que haga que mañana actúe de forma diferente.

Somos mucho más que una característica.

Las palabras también construyen expectativas

Cuando repetimos una etiqueta suficientes veces, podemos empezar a esperar que esa persona se comporte siempre de acuerdo con ella.

«Como es el revoltoso…»

«Ella siempre ha sido muy miedosa.»

«Es que él es muy despistado.»

Entonces dejamos de observar únicamente lo que está ocurriendo y empezamos a interpretar lo que sucede desde aquello que creemos saber sobre esa persona.

¡Fuera etiquetas! permite introducir una pregunta importante:

¿Estamos describiendo lo que realmente tenemos delante o estamos mirando a alguien a través de la etiqueta que le hemos colocado?

Las etiquetas negativas pesan

Algunas etiquetas resultan claramente dolorosas.

Cuando un niño escucha repetidamente que es torpe, pesado, malo, llorón o problemático, esas palabras pueden influir en la manera en que se siente dentro del grupo y en cómo interpreta sus propias capacidades.

Además, cuando una etiqueta se extiende entre compañeros puede convertirse en una forma de señalar y excluir.

Por eso reflexionar sobre las palabras que utilizamos forma parte también del aprendizaje de la convivencia.

¿Y las etiquetas positivas?

A primera vista, llamar a alguien «el listo», «la responsable» o «el bueno de la clase» parece completamente diferente.

Pero incluso una etiqueta aparentemente positiva puede crear expectativas.

¿Qué ocurre cuando «el listo» se equivoca?

¿O cuando «la responsable» necesita ayuda?

Una característica positiva tampoco necesita convertirse en una identidad permanente.

Podemos reconocer capacidades y cualidades sin hacer sentir a una persona que tiene que responder siempre a aquello que los demás esperan de ella.

Somos de muchas maneras

Esta es una de las ideas fundamentales que plantea el álbum.

Una persona puede ser valiente en algunas situaciones y sentir miedo en otras.

Puede necesitar estar sola un día y querer compañía al siguiente.

Puede equivocarse, aprender, cambiar de opinión, descubrir una nueva habilidad o comportarse de manera diferente según el contexto.

Las personas no somos personajes construidos alrededor de una única característica.

Somos muchas cosas a la vez y, además, seguimos cambiando.

La etiqueta puede ocultar lo que realmente ocurre

Cuando utilizamos una etiqueta para explicar una conducta podemos dejar de preguntarnos qué hay detrás.

Si pensamos que un niño «es vago», quizá dejemos de investigar por qué evita una tarea.

Si lo definimos como «conflictivo», podemos empezar a mirar únicamente sus conflictos.

Si afirmamos que «es tímido», quizá asumamos que no quiere participar cuando en realidad necesita más tiempo o un contexto diferente.

Cambiar la etiqueta por preguntas puede ayudarnos a observar mejor.

¿Qué está ocurriendo? ¿Qué necesita? ¿En qué situaciones sucede? ¿Hay algo que podríamos hacer de otra manera?

No somos nuestros errores

Las etiquetas pueden aparecer también después de una conducta concreta.

Un niño hace algo inadecuado y escuchamos: «eres malo».

Pero existe una diferencia enorme entre señalar una acción y definir a una persona.

Podemos decir que algo ha hecho daño, que una conducta no está permitida o que necesitamos repararla sin convertir ese comportamiento en una descripción completa de quien lo realizó.

Esto permite mantener los límites sin atacar la identidad del niño.

Un cuento especialmente interesante para el aula

En un grupo aparecen etiquetas con mucha facilidad.

El gracioso. La lista. El lento. El que siempre molesta. La que nunca habla. El deportista. La mandona.

Algunas nacen entre los propios alumnos y otras, aunque no siempre seamos conscientes, pueden surgir también de los adultos.

Por eso ¡Fuera etiquetas! tiene mucho recorrido dentro del aula.

La lectura puede servir para observar cómo hablamos unos de otros y preguntarnos si nuestras palabras permiten que las personas cambien o las dejan encerradas en un papel determinado.

Etiquetas, convivencia e inclusión

Sentir que tenemos un lugar dentro del grupo implica poder ser reconocidos como personas completas.

Cuando reducimos a alguien a una característica, una dificultad o una diferencia, corremos el riesgo de dejar todo lo demás fuera.

Trabajar las etiquetas permite hablar sobre diversidad e inclusión desde una idea muy sencilla para los niños:

nadie es solamente una cosa.

Todos tenemos fortalezas, dificultades, intereses, emociones y maneras diferentes de desenvolvernos según la situación.

Antes de decir «es», podemos describir qué ocurre

Hay una pequeña transformación en el lenguaje que puede resultar muy útil.

En lugar de:

«Es desordenado».

Podemos decir:

«Hoy ha dejado los materiales sin recoger».

En lugar de:

«Es malo».

Podemos explicar:

«Lo que has hecho ha hecho daño a otra persona».

Así podemos intervenir sobre una conducta concreta sin convertirla inmediatamente en una identidad.

No significa dejar de corregir o poner límites.

Significa separar lo que una persona hace de quién es esa persona.

Los adultos también ponemos etiquetas

Este no es únicamente un aprendizaje para los niños.

Familias y docentes utilizamos etiquetas muchas veces sin intención de hacer daño.

Algunas incluso aparecen como una forma rápida de explicar cómo es un niño.

Precisamente por eso el cuento puede funcionar también como un pequeño espejo para los adultos.

¿Qué palabras repetimos cuando hablamos de nuestros hijos o alumnos?

¿Las decimos delante de ellos?

¿Estamos dejando espacio para que cambien?

Cuando otros nos ponen una etiqueta

También podemos utilizar la lectura para hablar sobre qué sentimos cuando alguien nos define de una manera con la que no nos identificamos.

Puede aparecer enfado, vergüenza, tristeza o sensación de no ser comprendidos.

Hablar de ello ayuda a reconocer que nuestras palabras tienen consecuencias en los demás.

Y permite introducir algo igualmente importante: que aquello que alguien dice sobre nosotros no determina automáticamente quiénes somos.

Conocer antes de juzgar

Las etiquetas aparecen muchas veces cuando conocemos solo una pequeña parte de una persona.

Una conducta, una dificultad, una forma de hablar, una afición o una primera impresión puede convertirse rápidamente en una conclusión.

Pero conocer a alguien requiere tiempo.

Cuanto más conocemos a una persona, más difícil resulta reducirla a una sola palabra.

¡Fuera etiquetas! puede ayudarnos a sustituir algunas conclusiones rápidas por curiosidad hacia los demás.

Las palabras pueden dejar espacio para crecer

Los niños cambian continuamente.

Aprenden habilidades, encuentran nuevas formas de relacionarse, descubren intereses y desarrollan estrategias que antes no tenían.

Nuestro lenguaje puede acompañar ese proceso o dificultarlo.

Cuando describimos situaciones concretas en lugar de definir permanentemente a una persona, dejamos abierta la posibilidad de cambio.

Y esa posibilidad resulta especialmente importante durante la infancia.

Un libro para pensar antes de etiquetar

Lucía Serrano parte de una realidad muy cotidiana para plantear una reflexión que sirve tanto para niños como para adultos.

Las palabras nos ayudan a comprender el mundo.

Pero cuando las utilizamos para encerrar a las personas dentro de categorías demasiado pequeñas, pueden impedirnos ver todo lo demás.

¡Fuera etiquetas! nos recuerda que una persona nunca cabe entera dentro de una sola palabra.

Porque podemos ser tranquilos y ruidosos, valientes y miedosos, rápidos unas veces y lentos otras.

Podemos equivocarnos.

Podemos aprender.

Podemos cambiar.

Y, sobre todo, somos de muchas maneras.

¿Por qué nos gusta?

  • Aborda de forma directa el poder que tienen las palabras.
  • Ayuda a comprender qué ocurre cuando etiquetamos a otras personas.
  • Permite diferenciar entre describir una conducta y definir a una persona.
  • Invita a reflexionar tanto sobre etiquetas negativas como aparentemente positivas.
  • Tiene mucho recorrido para trabajar convivencia e inclusión.
  • Puede utilizarse para hablar sobre prejuicios y primeras impresiones.
  • Permite abordar cómo las etiquetas pueden influir en las relaciones dentro de un grupo.
  • Ayuda a recordar que las personas cambian y no se comportan igual en todas las situaciones.
  • Ofrece una reflexión interesante tanto para niños como para adultos.
  • Puede utilizarse en casa y especialmente en el aula.
  • Es una obra escrita e ilustrada por Lucía Serrano.
  • Está recomendado a partir de 4 años.

Ficha técnica

Título: ¡Fuera etiquetas!
Subtítulo: Un cuento sobre el poder de las palabras
Autora e ilustradora: Lucía Serrano
Editorial: Beascoa
Colección: Cuentos infantiles
Idioma: Castellano
Páginas: 36
Encuadernación: Tapa dura
Formato: 24,7 × 28,6 cm aprox.
Año de publicación: 2024
Edad recomendada: A partir de 4 años
EAN / ISBN: 9788448868086

Materias

  • Álbum ilustrado
  • Etiquetas
  • Poder de las palabras
  • Convivencia
  • Inclusión
  • Diversidad
  • Prejuicios
  • Autoestima
  • Identidad
  • Respeto
  • Acoso escolar
  • Educación emocional

Información adicional

Dimensiones247 × 284 × 97 mm

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