Tengo un volcán
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Alba tiene un volcán dentro, justo entre el ombligo y las costillas. Cuando se enfada, el volcán se enciende hasta que explota y entonces la rabia parece arrasarlo todo. Una noche, una pequeña hada le enseñará una herramienta para reconocer lo que está sintiendo y recuperar poco a poco la calma.
Tengo un volcán, de Míriam Tirado e ilustrado por Joan Turu, es un álbum para acercar a los niños a la rabia, los enfados y la regulación emocional mediante la conocida metáfora del volcán.
Una historia que ayuda a poner palabras y una imagen a una emoción muy intensa, introduciendo la respiración consciente como uno de los recursos que podemos aprender para calmarnos.
Descripción
Tengo un volcán
Alba tiene un volcán en su interior, más o menos entre el ombligo y las costillas. Normalmente no podemos verlo, pero cuando se enfada empieza a calentarse hasta que llega un momento en el que explota. Entonces la rabia lo invade todo y Alba sufre y se asusta ante la intensidad de aquello que está sintiendo.
Una noche aparece una pequeña hada que le ayudará a comprender mejor qué ocurre dentro de ella y le enseñará un recurso que puede utilizar cuando note que su volcán empieza a encenderse. Así comienza Tengo un volcán, el conocido cuento de Míriam Tirado y Joan Turu sobre la rabia y la respiración consciente.
Un volcán para comprender la rabia
Explicar una emoción tan intensa como la rabia puede resultar complicado para un niño pequeño. La metáfora del volcán convierte esa experiencia en una imagen sencilla: algo empieza a calentarse dentro de nosotros, la intensidad aumenta y, si continúa creciendo, puede terminar explotando.
Esta representación permite hablar sobre el enfado sin identificar al niño con su conducta. No es «un niño malo» ni «una niña que siempre se porta mal»: es una persona que está sintiendo una emoción muy intensa y que todavía está aprendiendo qué puede hacer con ella.
La rabia también se siente en el cuerpo
Las emociones no aparecen únicamente en nuestros pensamientos. Cuando estamos muy enfadados podemos notar calor, tensión, respiración acelerada, ganas de gritar, apretar los músculos o una enorme necesidad de movernos. Cada niño puede experimentar señales diferentes y aprender progresivamente a reconocer las suyas.
El volcán de Alba ofrece una imagen muy útil para comenzar ese aprendizaje. Podemos preguntarnos cómo sabemos que nuestro propio volcán se está calentando y qué notamos antes de llegar a la explosión. Reconocer esas primeras señales puede ayudarnos a intervenir cuando la emoción todavía no ha alcanzado su máxima intensidad.
Estar enfadado no significa ser malo
La rabia es una emoción humana y, como cualquier otra, tiene una función. Puede aparecer cuando encontramos un límite, sentimos frustración, percibimos una injusticia o algo no ocurre como esperábamos. Pretender que los niños nunca se enfaden no sería realista ni especialmente útil.
Lo que sí podemos enseñarles es que sentir rabia y actuar impulsados por ella son cosas diferentes. Podemos estar muy enfadados y, al mismo tiempo, aprender poco a poco maneras de expresar esa emoción sin hacernos daño ni hacer daño a otras personas.
Respirar como herramienta para recuperar la calma
El hada enseña a Alba una estrategia concreta relacionada con la respiración. Carambuco presenta el cuento precisamente como una propuesta sobre la respiración consciente al servicio del trabajo con las emociones, utilizando este recurso para acompañar la rabia y recuperar progresivamente la calma.
Respirar no hace que aquello que nos ha enfadado deje de importar. Su utilidad está en ayudarnos a reducir la intensidad emocional para que podamos recuperar capacidad de decidir qué hacer después. Cuando el volcán ya no ocupa todo el espacio, resulta más sencillo hablar, escuchar o buscar una solución.
Aprenderlo cuando estamos tranquilos
Las herramientas de regulación emocional no tienen por qué enseñarse únicamente en mitad de una rabieta. De hecho, puede ser mucho más sencillo conocerlas, practicarlas y hablar sobre ellas cuando estamos tranquilos.
Leer Tengo un volcán fuera de una situación de conflicto permite que el niño conozca la metáfora y la estrategia antes de necesitarlas. Después, cuando aparezca un enfado, podremos recuperar ese lenguaje compartido y preguntarnos qué está ocurriendo con nuestro volcán.
Acompañar antes que exigir calma
Cuando un niño está completamente desbordado puede resultarle difícil escuchar explicaciones o seguir instrucciones. En esos momentos, la presencia de un adulto capaz de proporcionar seguridad y mantener los límites necesarios puede ser tan importante como cualquier técnica que hayamos practicado previamente.
Por eso el cuento puede resultar útil también para los adultos. Nos recuerda que la regulación emocional es un aprendizaje progresivo y que no podemos esperar que un niño domine automáticamente una herramienta simplemente porque ya se la hemos explicado.
Validar la emoción no significa permitir cualquier conducta
Podemos comprender que un niño está enfadado y, al mismo tiempo, impedir determinadas acciones. «Entiendo que estés muy enfadado» puede convivir perfectamente con «no voy a dejar que pegues».
Esta diferencia es fundamental en el acompañamiento emocional. Todas las emociones pueden tener espacio, pero eso no significa que cualquier comportamiento sea aceptable. El objetivo es que el niño vaya encontrando maneras más seguras de expresar aquello que siente.
Después de la explosión
Cuando la intensidad ha disminuido aparece un buen momento para hablar sobre lo ocurrido. Podemos intentar comprender qué encendió el volcán, qué señales aparecieron antes de la explosión y si hubo algo que ayudó a recuperar la calma.
Estas conversaciones no necesitan convertirse en un interrogatorio ni en una búsqueda de culpables. Pueden servir para conocernos mejor y ampliar poco a poco nuestros recursos para la próxima vez que aparezca una situación parecida.
Una metáfora que puede acompañarnos en casa
Uno de los puntos fuertes del cuento es que el volcán puede continuar utilizándose después de terminar la lectura. En lugar de preguntar únicamente «¿estás enfadado?», podemos hablar de si el volcán está tranquilo, empieza a calentarse o está a punto de explotar.
Ese lenguaje compartido puede facilitar que algunos niños comuniquen lo que sienten antes de disponer de un vocabulario emocional más amplio. La metáfora no sustituye a las palabras, pero puede convertirse en un puente para llegar hasta ellas.
También en el aula
La frustración y el enfado aparecen continuamente en la vida escolar: cuando perdemos un juego, esperamos nuestro turno, recibimos un límite, no conseguimos hacer algo, discutimos con un compañero o tenemos que abandonar una actividad que nos estaba gustando.
Leer el cuento en grupo permite introducir un lenguaje común para hablar sobre esas situaciones sin señalar a ningún alumno concreto. A partir de Alba podemos explorar cómo se siente la rabia, qué señales podemos reconocer y qué recursos conocemos para recuperar la calma.
No todos los volcanes son iguales
Cada niño puede vivir la rabia de una manera diferente y también puede responder de forma distinta a las herramientas que le ofrecemos. Para algunos, la respiración será un recurso especialmente útil; otros necesitarán combinarla con movimiento, distancia, acompañamiento u otras estrategias.
Precisamente por eso resulta interesante complementar este álbum con Tengo un volcán y no quiero respirar, donde Míriam Tirado amplía el planteamiento mostrando a Sam, un niño al que respirar no le funciona cuando está muy enfadado. Juntos permiten transmitir que podemos conocer distintas herramientas sin convertir ninguna de ellas en una solución universal.
El comienzo del hada de los volcanes
Tengo un volcán es también el punto de partida del universo del hada de los volcanes. La historia de Alba y la metáfora de la rabia se amplían posteriormente con otros títulos que permiten abordar nuevas situaciones y emociones.
Esto facilita construir una pequeña colección con personajes y referencias que los niños ya conocen. El hada se convierte así en un hilo conductor desde el que hablar de emociones diferentes y de los recursos que podemos ir incorporando para comprenderlas.
Comprender lo que ocurre dentro de nosotros
El gran valor de la metáfora del volcán está en hacer visible algo que normalmente no podemos ver. El enfado deja de ser simplemente una explosión incomprensible y se convierte en un proceso que podemos empezar a observar: el volcán está tranquilo, algo lo enciende, aumenta su temperatura y finalmente puede explotar.
A medida que los niños aprenden a reconocer ese proceso también pueden descubrir que existen momentos en los que pueden pedir ayuda o utilizar alguna de sus herramientas. No buscamos eliminar la rabia, sino ayudarles a conocerla y relacionarse con ella de una manera cada vez más consciente.
Aprender a vivir con nuestro volcán
Alba no necesita conseguir que su volcán desaparezca para siempre. La rabia volverá a aparecer porque forma parte de nuestra vida emocional. Lo importante es que ahora puede empezar a reconocerla y dispone de un recurso que antes no conocía.
Tengo un volcán ofrece precisamente ese primer acercamiento: comprender qué ocurre cuando el enfado crece, identificar cómo se siente y descubrir que podemos aprender estrategias para atravesarlo. Una historia sencilla que proporciona a niños y adultos un lenguaje común para hablar de esos momentos en los que parece que llevamos un volcán dentro.
¿Por qué nos gusta?
- Utiliza la metáfora del volcán para hacer comprensible la rabia a los niños.
- Ayuda a reconocer algunas señales que aparecen cuando aumenta el enfado.
- Presenta la rabia como una emoción que podemos aprender a comprender.
- Introduce la respiración consciente como herramienta de regulación emocional.
- Permite diferenciar entre sentir una emoción y actuar impulsivamente.
- Facilita conversaciones sobre rabietas, frustración y enfados.
- Proporciona un lenguaje que puede seguir utilizándose después de la lectura.
- Tiene mucho recorrido tanto en familia como en Educación Infantil.
- Permite trabajar la regulación emocional antes de que aparezca el conflicto.
- Se complementa especialmente bien con Tengo un volcán y no quiero respirar.
- Inicia el universo del hada de los volcanes.
- Está escrito por Míriam Tirado e ilustrado por Joan Turu.
Ficha técnica
Título: Tengo un volcán
Autora: Míriam Tirado
Ilustrador: Joan Turu
Editorial: Carambuco Ediciones
Colección: Calita
Idioma: Castellano
Páginas: 36 / 26 / 24
Encuadernación: Tapa dura / Libro cartón duro / Pop-Up
Formato: 24 × 27 cm
Año de esta edición: 2023
EAN / ISBN: 9788417766658
Materias
- Álbum ilustrado
- Rabia
- Enfado
- Rabietas
- Educación emocional
- Regulación emocional
- Respiración consciente
- Frustración
- Autoconocimiento
- Acompañamiento emocional
- Emociones
Información adicional
| Dimensiones | 220 × 175 mm |
|---|---|
| Formato | Cartón duro (3 a 4 años), Álbum ilustrado, Pop-Up |

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