Desconectados
14.00€ - 18.00€Rango de precios: desde 14.00€ hasta 18.00€ IVA inc.
En casa están todos juntos… pero cada uno mira su propia pantalla. Poco a poco, casi sin darse cuenta, la familia empieza a estar cada vez más conectada a la tecnología y más desconectada entre sí.
Desconectados, de Míriam Tirado y Joan Turu, es un álbum ilustrado para reflexionar en familia sobre el uso de móviles, tabletas y otras pantallas, los límites y, sobre todo, la importancia de recuperar tiempo para mirarnos, escucharnos y compartir.
Un cuento recomendado a partir de 3 años que recuerda algo fundamental: los adultos también educamos con el uso que hacemos de nuestras propias pantallas.
Descripción
Desconectados
Podemos estar todos sentados en la misma habitación y, sin embargo, encontrarnos muy lejos unos de otros.
Una pantalla en una mano, otra sobre la mesa, alguien mirando el móvil, otro entretenido con una tableta… y poco a poco dejamos de mirar aquello que tenemos justo delante.
Desconectados, de Míriam Tirado e ilustrado por Joan Turu, nos presenta a una familia en la que cada uno de sus miembros pasa buena parte del día enganchado a una pantalla.
Sin que apenas sean conscientes de ello, mientras aumenta el tiempo conectado a los dispositivos también crece la desconexión entre ellos.
¿Cómo podemos volver a conectar?
Una familia conectada a todo menos a sí misma
Las pantallas forman parte de nuestra vida cotidiana.
Las utilizamos para trabajar, comunicarnos, informarnos y entretenernos, y nuestros hijos crecen observando cómo están presentes en muchos momentos del día.
El problema aparece cuando empiezan a ocupar el espacio que antes pertenecía a otras experiencias.
Una conversación interrumpida por una notificación. Una comida en la que apenas hablamos. Un rato compartido en el que cada persona está pendiente de su dispositivo.
Desconectados lleva esta situación cotidiana al álbum ilustrado y la convierte en una historia que niños y adultos pueden observar juntos.
Esta historia no habla solamente de los niños
Este es uno de los aspectos más interesantes del cuento.
No presenta únicamente a un niño que utiliza demasiado una pantalla mientras los adultos intentan corregir su comportamiento. Toda la familia forma parte de la situación.
Esto permite introducir una cuestión importante cuando hablamos de educación digital durante la infancia: los niños no construyen sus hábitos únicamente a partir de aquello que les decimos.
También observan aquello que hacemos.
Si queremos establecer determinados límites alrededor de las pantallas, resulta difícil hacerlo sin revisar también nuestra propia relación con ellas.
Estar juntos no siempre significa estar conectados
Compartir un espacio físico no garantiza que estemos realmente prestándonos atención.
Podemos encontrarnos muy cerca y, al mismo tiempo, estar completamente concentrados en algo que sucede dentro de una pantalla.
El título del libro juega precisamente con esta contradicción.
Estamos permanentemente conectados a dispositivos, contenidos y personas que se encuentran lejos, mientras podemos terminar desconectándonos de quienes tenemos justo al lado.
El cuento permite hacer visible esa situación de una manera sencilla para los más pequeños.
¿Dónde ponemos los límites?
En Desconectados, los padres toman conciencia de la situación y asumen la responsabilidad de establecer límites y favorecer un uso más adecuado de las pantallas.
Este aspecto es especialmente relevante.
Durante la infancia, la gestión del tiempo digital no puede recaer únicamente sobre la capacidad de autocontrol del niño. Los adultos tienen la responsabilidad de establecer marcos, acompañar y tomar decisiones adecuadas a su edad.
Los límites pueden convertirse así en una forma de cuidado.
No se trata simplemente de retirar un dispositivo, sino de ayudar a que las pantallas encuentren su lugar sin ocupar todo el espacio disponible.
Las pantallas están diseñadas para captar nuestra atención
Dejar un vídeo, un juego o una sucesión de contenidos puede resultar difícil.
Y no solamente les ocurre a los niños.
La historia permite reflexionar sobre esa capacidad que tienen las pantallas para mantener nuestra atención y sobre la facilidad con la que podemos perder la noción del tiempo mientras las utilizamos.
Comprenderlo ayuda a desplazar parte de la conversación.
En lugar de interpretar siempre el problema como falta de voluntad, podemos reconocer que necesitamos crear hábitos y límites externos que nos ayuden a gestionar mejor nuestra atención.
Recuperar aquello que estaba quedando fuera
Reducir el tiempo de pantalla no tiene mucho sentido si únicamente pensamos en aquello que estamos quitando.
También podemos preguntarnos qué queremos recuperar.
Conversaciones, juegos, miradas, cuentos, paseos, aburrimiento, tiempo compartido o simplemente la posibilidad de estar juntos sin que una notificación reclame inmediatamente nuestra atención.
Desde esta perspectiva, desconectar un dispositivo puede convertirse en una oportunidad para volver a conectar con otras experiencias.
Y, sobre todo, con otras personas.
Los adultos también somos modelo
Podemos pedir a un niño que deje la tableta mientras respondemos mensajes en el móvil.
Podemos establecer una norma sobre pantallas durante las comidas y romperla nosotros mismos cuando llega una notificación.
Estas contradicciones forman parte de la vida cotidiana, pero también ofrecen una oportunidad para revisar nuestros propios hábitos.
Desconectados permite hablar del uso de pantallas como una cuestión familiar y no exclusivamente infantil.
Porque educar en hábitos digitales implica establecer límites, pero también ofrecer modelos coherentes siempre que sea posible.
Una conversación que podemos tener juntos
El álbum ilustrado permite abordar el tema sin empezar señalando directamente a nadie.
Podemos observar qué ocurre con esta familia, cómo cambia su relación y qué decisiones toman para afrontar la situación.
Después pueden aparecer preguntas.
¿Nos ocurre alguna vez algo parecido? ¿En qué momentos utilizamos pantallas? ¿Hay algún momento del día en el que podríamos dejarlas a un lado? ¿Qué nos gusta hacer juntos cuando no estamos utilizándolas?
El cuento puede convertirse así en un punto de partida para construir acuerdos familiares adaptados a cada casa.
Límites sin convertir la tecnología en enemiga
Hablar de un buen uso de pantallas no exige presentar toda tecnología como negativa.
Las pantallas forman parte de nuestra realidad y los niños necesitarán aprender progresivamente a convivir con ellas.
El reto está en conseguir que tengan un lugar dentro de la vida familiar sin desplazar continuamente otras experiencias necesarias.
Por eso podemos utilizar Desconectados para hablar de equilibrio: momentos para utilizar tecnología y momentos para dejarla a un lado.
Conectar también significa prestar atención
Mirar a alguien cuando nos habla, escuchar una historia, jugar juntos o conversar durante una comida parecen acciones pequeñas.
Pero son precisamente esos momentos cotidianos los que construyen buena parte de nuestras relaciones.
Cuando nuestra atención está permanentemente dividida, esas oportunidades pueden disminuir.
El cuento permite recordar que conectar con otra persona requiere algo especialmente valioso en un mundo lleno de estímulos: prestarle atención.
Un cuento para niños que también interpela a los adultos
Esta es probablemente una de las razones por las que Desconectados resulta especialmente interesante.
Podemos leerlo pensando que estamos enseñando a nuestros hijos a utilizar mejor las pantallas y terminar preguntándonos cuánto miramos nosotros el móvil.
Esa doble lectura evita colocar toda la responsabilidad sobre la infancia.
Familias y educadores también formamos parte del entorno digital en el que crecen los niños.
Por eso construir hábitos saludables alrededor de las pantallas puede ser un aprendizaje compartido.
¿Cómo volvemos a conectar?
La pregunta que plantea el cuento es sencilla, pero importante.
¿Cómo recuperamos la conexión cuando nos damos cuenta de que las pantallas están ocupando demasiado espacio?
No existe una única respuesta válida para todas las familias.
Cada casa tendrá horarios, necesidades y circunstancias diferentes. Lo importante puede ser empezar a observar nuestros hábitos, reconocer cuándo necesitamos un límite y decidir conscientemente qué momentos queremos proteger.
Desconectados nos invita precisamente a realizar esa reflexión juntos.
Porque a veces, para volver a conectar con quienes tenemos cerca, necesitamos empezar por desconectar aquello que tenemos entre las manos.
¿Por qué nos gusta?
- Aborda el uso de pantallas desde una perspectiva familiar.
- No coloca toda la responsabilidad sobre los niños.
- Invita también a los adultos a revisar sus propios hábitos digitales.
- Permite hablar sobre límites y acompañamiento adulto.
- Pone el foco en la relación entre atención, pantallas y tiempo compartido.
- Ayuda a reflexionar sobre la diferencia entre estar juntos y estar realmente conectados.
- Puede utilizarse para iniciar conversaciones sobre acuerdos familiares.
- Permite hablar de tecnología sin necesidad de presentarla como enemiga.
- Favorece la reflexión sobre qué actividades quedan desplazadas cuando las pantallas ocupan demasiado tiempo.
- Puede utilizarse tanto en casa como en contextos educativos.
- Está recomendado a partir de 3 años.
- Une la mirada de Míriam Tirado con las ilustraciones de Joan Turu.
Ficha técnica
Título: Desconectados
Autora: Míriam Tirado
Ilustrador: Joan Turu
Editorial: Carambuco
Colección: Calita
Idioma: Castellano
Páginas: 26 / 36
Encuadernación: Otro formato / Tapa dura
Formato: 22 × 22 cm
Fecha de publicación: Octubre de 2020
Edad recomendada: A partir de 3 años / Infantil Juvenil
EAN / ISBN: 9788417766290
Materias
- Álbum ilustrado
- Pantallas
- Tecnología
- Educación digital
- Familia
- Hábitos digitales
- Límites
- Atención
- Relaciones familiares
- Tiempo compartido
- Crianza
- Convivencia
Información adicional
| Formato | Cartón duro (3 a 4 años), Álbum Ilustrado |
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