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Tengo un nudo en la barriga: Un cuento sobre la ansiedad infantil

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Penny siente un nudo en la barriga que la preocupa, la molesta y a veces consigue quitarle las ganas de hacer aquello que le gusta. Pero gracias a su compañera Aina descubrirá que no es la única que alguna vez se ha sentido así y que puede aprender a convivir con ese nudo sin dejar que controle su vida.

Tengo un nudo en la barriga, de los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger e ilustrado por Núria Albesa, es un cuento para ayudar a los niños a identificar la ansiedad, reconocer cómo puede sentirse en el cuerpo y aprender la importancia de expresar lo que les ocurre y pedir ayuda.

Una historia especialmente útil para poner palabras a esas preocupaciones y sensaciones que a veces son difíciles de explicar.

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Descripción

Tengo un nudo en la barriga

Penny tiene un nudo en la barriga. No es un nudo que podamos ver, pero ella lo siente perfectamente: la preocupa, la molesta y consigue que pierda las ganas de hacer cosas que normalmente disfruta. Intenta hacerse una bolita y rodearse la tripa con los brazos para conseguir que desaparezca, pero el nudo continúa ahí.

Gracias a su compañera Aina descubrirá algo importante: no es la única persona que alguna vez se ha sentido así. Poco a poco aprenderá a reconocer qué le ocurre y encontrará recursos que pueden hacer que ese nudo se vuelva más pequeño y deje de impedirle disfrutar de aquello que le gusta.

Tengo un nudo en la barriga, escrito por los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger e ilustrado por Núria Albesa, es un álbum creado para ayudar a los niños a identificar la ansiedad y pedir ayuda cuando la necesitan.

Cuando una emoción se siente en el cuerpo

A los niños no siempre les resulta sencillo explicar que están preocupados, nerviosos o angustiados. Muchas veces aquello que todavía no saben expresar con palabras aparece primero a través del cuerpo: pueden notar molestias en la barriga, tensión, sensaciones extrañas en el pecho o simplemente sentir que algo no va bien.

La metáfora del nudo convierte esas sensaciones difíciles de explicar en una imagen mucho más comprensible. Penny puede identificar aquello que siente y, a partir de ahí, empezar a entenderlo y comunicarlo. Esa conexión entre emociones y sensaciones corporales es uno de los elementos centrales de la propuesta del libro.

Poner nombre a aquello que nos ocurre

Cuando un niño no comprende lo que siente, una sensación desagradable puede resultar todavía más desconcertante. Tener palabras para explicar lo que sucede no elimina automáticamente el malestar, pero permite comenzar a entenderlo y, sobre todo, compartirlo con otras personas.

El libro ofrece precisamente un lenguaje sencillo para acercar la ansiedad a la infancia. En lugar de presentar el concepto únicamente desde una explicación adulta, utiliza la experiencia de Penny y la imagen del nudo para ayudar a los pequeños lectores a reconocer situaciones que quizá ellos también hayan experimentado.

Descubrir que no soy el único

La aparición de Aina tiene un papel importante en la historia porque permite a Penny descubrir que aquello que está sintiendo es más habitual de lo que imaginaba. Saber que otras personas también han experimentado preocupaciones, nervios o sensaciones parecidas puede reducir la sensación de aislamiento que aparece cuando pensamos que algo extraño nos está ocurriendo solo a nosotros.

Esto abre una conversación especialmente valiosa con los niños: podemos tener compañeros que aparentemente están tranquilos y que, sin embargo, también sienten sus propios “nudos”. No siempre podemos saber qué está viviendo otra persona simplemente observándola desde fuera.

Hablar puede hacer el nudo más pequeño

Uno de los recursos que descubre Penny es la importancia de compartir aquello que le está ocurriendo. Según explican los propios autores, hablar de esas sensaciones con otras personas ayuda a que el nudo vaya perdiendo fuerza.

Para los niños, aprender a pedir ayuda resulta tan importante como desarrollar recursos propios. Poder acudir a la familia, al profesorado o a otro adulto de confianza cuando una preocupación empieza a resultar demasiado grande es una habilidad que merece trabajarse antes de que aparezcan situaciones difíciles.

Escuchar sin quitar importancia

Cuando un niño expresa una preocupación, los adultos podemos intentar tranquilizarlo rápidamente con frases como «no pasa nada» o «no tienes que preocuparte». Aunque la intención sea buena, aquello que para nosotros parece pequeño puede estar generando un malestar real para el niño.

El cuento puede ayudarnos a cambiar el punto de partida: primero escuchamos y tratamos de comprender qué está ocurriendo. Después podremos acompañar, aportar seguridad y ayudar a buscar recursos, pero sin necesitar convencer al niño de que aquello que siente no debería estar ahí.

Lo que pensamos también influye

Penny irá descubriendo que la forma en la que se habla a sí misma también tiene importancia. El propio Alberto Soler explica que, dentro de la historia, decirse cosas positivas y recordar aquello que vale ayuda a la protagonista a reducir la fuerza que tiene ese nudo sobre ella.

Esto no significa sustituir cualquier preocupación por un «todo va a salir bien». La propuesta resulta más interesante si la utilizamos para ayudar a los niños a observar qué se están diciendo cuando algo les preocupa y a construir una voz interna menos dura y más segura.

Tener un nudo no significa dejar de hacer lo que nos gusta

Cuando una preocupación adquiere mucha fuerza puede empezar a condicionar nuestras decisiones. Quizá dejamos de participar, evitamos determinadas situaciones o perdemos las ganas de hacer actividades que antes disfrutábamos. Penny experimenta precisamente esa pérdida de ganas cuando aparece su nudo.

Uno de los aprendizajes interesantes de la historia es que el objetivo no tiene que ser esperar a que desaparezca completamente cualquier sensación desagradable para volver a vivir con normalidad. Podemos aprender progresivamente a relacionarnos con ella de otra manera y evitar que termine ocupándolo todo.

Preocupación, miedo y ansiedad

Los niños pueden utilizar palabras como miedo, nervios o preocupación para describir experiencias diferentes. No necesitamos convertir cada sensación incómoda en un diagnóstico, pero sí podemos ayudarles a ampliar su vocabulario emocional y observar qué está sucediendo, cuándo aparece y cómo les afecta.

El libro se presenta expresamente como un cuento sobre la ansiedad infantil, pero su función es educativa y narrativa. Puede ayudar a reconocer sensaciones y favorecer que un niño explique lo que le ocurre, sin sustituir la valoración de un profesional cuando el malestar es intenso, persistente o afecta de manera importante a su vida cotidiana.

Aprender a reconocer nuestras señales

Cada persona puede experimentar las preocupaciones de manera diferente. Un niño quizá note principalmente molestias en la barriga, mientras otro puede sentirse inquieto, tener pensamientos recurrentes o encontrar dificultades para concentrarse en aquello que está haciendo.

Podemos aprovechar la lectura para preguntarnos qué señales reconocemos nosotros cuando algo nos preocupa. Aprender a detectar esos cambios permite que los niños desarrollen progresivamente un mayor conocimiento de sí mismos y puedan pedir ayuda antes de sentirse completamente desbordados.

Un recurso especialmente útil para el aula

En el colegio también aparecen situaciones capaces de generar preocupación: separarse de la familia, enfrentarse a una actividad nueva, equivocarse delante de otros, relacionarse con compañeros o anticipar algo que todavía no sabemos cómo saldrá. No todos los niños expresarán esas preocupaciones de la misma manera.

Leer la historia de Penny en grupo puede proporcionar un lenguaje compartido para hablar de estas experiencias sin señalar a ningún alumno. Podemos comenzar hablando del personaje y permitir que cada niño decida cuánto quiere compartir sobre sus propios “nudos”.

Pedir ayuda es una herramienta

Uno de los mensajes más importantes del libro está incluido en la propia presentación de la editorial: ayudar a los niños a identificar la ansiedad y pedir ayuda.

A veces asociamos la autonomía con ser capaces de solucionar solos aquello que nos ocurre, pero reconocer cuándo necesitamos a otra persona también forma parte de crecer. Enseñar a los niños a identificar adultos de confianza y explicarles que pueden acudir a ellos cuando algo les preocupa construye una red de seguridad muy importante.

No se trata de hacer desaparecer todas las preocupaciones

Preocuparse forma parte de la experiencia humana. El objetivo de la educación emocional no puede ser conseguir que los niños nunca tengan miedo, nervios o incertidumbre, sino proporcionarles herramientas para comprender esas emociones y evitar que terminen dominando su día a día.

La propia historia de Penny apunta en esa dirección: aprende a vivir con su “nudito” sin permitir que le impida ser feliz y continuar haciendo aquello que le gusta. No necesita convertirse en una niña que nunca vuelve a preocuparse; necesita comprender mejor qué le ocurre y descubrir que dispone de recursos y personas a las que acudir.

Una metáfora sencilla para una sensación difícil de explicar

El gran acierto de Tengo un nudo en la barriga está en convertir una experiencia compleja en una imagen que los niños pueden reconocer fácilmente. El nudo permite hablar de lo que sentimos en el cuerpo, de aquello que pensamos, de las preocupaciones que nos acompañan y de la importancia de no guardárnoslo todo para nosotros.

Penny descubre que compartir lo que siente, recordar su propio valor y continuar conectada con aquello que disfruta puede hacer que ese nudo vaya ocupando cada vez menos espacio. Así, el cuento no promete una vida sin preocupaciones, sino algo mucho más útil: aprender a reconocerlas y saber que no tenemos que atravesarlas solos.

¿Por qué nos gusta?

  • Acerca la ansiedad infantil mediante una metáfora sencilla y visual.
  • Ayuda a relacionar emociones y sensaciones corporales.
  • Facilita que los niños puedan poner palabras a aquello que les ocurre.
  • Normaliza que otras personas también puedan sentir preocupaciones parecidas.
  • Refuerza la importancia de hablar sobre aquello que nos preocupa.
  • Presenta pedir ayuda como una herramienta positiva.
  • Permite trabajar el diálogo interno y la forma en la que nos hablamos.
  • Evita plantear como objetivo que nunca volvamos a sentir preocupación.
  • Puede utilizarse para iniciar conversaciones tanto en familia como en el aula.
  • Está escrito por los psicólogos Alberto Soler y Concepción Roger.
  • Está ilustrado por Núria Albesa.
  • Recomendado por la editorial para niños de 4 a 8 años.

Ficha técnica

Título: Tengo un nudo en la barriga
Subtítulo: Un cuento sobre la ansiedad infantil
Autores: Alberto Soler y Concepción Roger
Ilustradora: Núria Albesa
Editorial: B de Blok
Idioma: Castellano
Páginas: 48
Encuadernación: Tapa dura
Formato: Aproximadamente 20 × 26 cm
Fecha de publicación: 12 de mayo de 2022
Edad recomendada: De 4 a 8 años
EAN / ISBN: 9788418688515

Materias

  • Álbum ilustrado
  • Ansiedad infantil
  • Preocupaciones
  • Educación emocional
  • Autoconocimiento
  • Sensaciones corporales
  • Autoestima
  • Miedo
  • Gestión emocional
  • Petición de ayuda

Información adicional

Dimensiones208 × 267 mm

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Tengo un nudo en la barriga: Un cuento sobre la ansiedad infantil
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