La mayoría de situaciones que alteran el desarrollo de las clases suelen ser de poca gravedad, aunque si se dan de forma recurrente o son violentas, puede dificultar el trabajo escolar y provocar situaciones desfavorables para la convivencia en el aula. Por ello conviene detectarlas y atajarlas con prontitud y firmeza.
Para ello se establecen las normas de clase como acuerdos compartidos que mejoran la convivencia, ayudan al aprendizaje y anticipan qué conductas son adecuadas en el aula.
A veces podemos confundir libertad con ausencia de límites. Sin embargo, especialmente durante la infancia, los límites proporcionan seguridad. Por esta razón las normas de clase deben ser claras, coherentes y conocidas por todos.
No se trata de llenar las paredes de carteles ni de convertir la clase en un lugar rígido. Se trata de crear un marco común que permita mejorar la convivencia en el aula.
¿Cómo construimos las normas?
Una de las mejores maneras de conseguir que las normas de clase tengan sentido para el alumnado es hacerle partícipe de su construcción.
No es lo mismo escuchar:
“Estas son las normas de vuestra clase y tenéis que cumplirlas.” que poder preguntar:
¿Qué necesitamos para sentirnos bien en nuestra clase?
Este proceso convierte las normas en acuerdos de convivencia, y no simplemente en órdenes impuestas por el adulto. Para conseguirlo debemos evitar:
- Marcar reglas cerradas desde el primer día.
- Improvisar conforme van surgiendo conflictos.
- No adaptar las normas a la edad y comprensión del alumnado.
- Crear un exceso de normas de clase.
A continuación, te mostramos el paso a paso para poner normas en el aula al comienzo del curso:
- Establece límites relacionados con la seguridad, el aprendizaje y el trato respetuoso.
- Plantea las preguntas correctas: qué necesitamos para encontrarnos bien, para aprender mejor, para no molestar a los demás… y agrupa las respuestas en acuerdos.
- Propón pocas normas de convivencia, unas cinco están bien.
- Redacta las normas de clase de forma breve y en positivo. Ejemplo, en lugar de “no grites” podemos usar “hablamos en un tono bajo”.
- Predica con el ejemplo, ensénalas y practícalas en clase. Tener un cartel en la pared o firmar un acuerdo no basta. Hay que modelar ejemplos, practicar las rutinas y ofrecer recordatorios antes de las situaciones difíciles.
- Revisa los acuerdos. La convivencia cambia y las necesidades del grupo también.
- Enseña a reparar. Cuando una norma se incumple, debemos buscar que hacer para solucionar el daño causado.
¿Qué normas funcionan en el aula?
Es un error pensar que existe una lista de normas universal basada en prohibiciones válida para todas las clases. Unas buenas normas deben ayudar al alumnado a saber qué se espera de él y cómo puede contribuir a que el grupo funcione mejor.
Las normas deben construirse teniendo en cuenta la edad del alumnado, las características del grupo y las situaciones que se producen habitualmente en el aula. Aunque si podremos tener en cuenta que cumpla unas pautas que favorezcan a la convivencia como:
- Prestar atención a quien está hablando, respetando turnos y lo que está diciendo.
- Aprovechar el tiempo de trabajo, procurando no distraer al resto.
- Cuidar los recursos y espacios de manera adecuada.
- Resolver pacíficamente los conflictos.
Resulta también especialmente útil que las normas no se queden en frases generales. Para que el alumnado pueda comprenderlas y aplicarlas, conviene acompañarlas de acciones concretas y observables.
¿Entonces, cómo debemos formular las normas?
La manera en la que escribimos una norma también es importante. Debemos evitar aquellas formulaciones que plantean objetivos difíciles o imposibles de cumplir para formularlas de forma que produzca un aprendizaje. Ej. En lugar de decir “no corremos por los pasillos” podemos cambiarla por “vamos andando por los pasillos”.
Del mismo modo, aquellas normas abstractas como “somos responsables” serán muchos más fáciles llevarlas a cabo si las simplificamos en normas más simples que puedan reconocer como: “cuidamos el material”.
En cuanto a su formulación por etapas tendremos que tener en cuenta lo siguiente:
- En Infantil y primer ciclo de Primaria: utiliza frases breves, imágenes o pictogramas y representaciones de las reglas en los momentos en que se aplican.
- En Primaria: solicita su participación y trabaja con ejemplos.
- En Secundaria: explica el motivo de cada límite y permite analizar casos, ambigüedades y consecuencias.
En definitiva, las normas han de ayudar al grupo a convivir, aprender y sentirse seguro dentro del aula.
Hemos preparado una infografía gratuita con:
12 pasos para crear las normas de clase.
¿Y si alguien incumple una norma?
En ese caso deberíamos de aplicar una consecuencia con finalidad educativa.
El objetivo principal debe ser enseñar al alumnado a reparar, reflexionar y aprender de lo ocurrido. Por ello, antes de intervenir ante un problema de convivencia, el o la docente debe valorar qué ha ocurrido. Porque si únicamente conseguimos que un niño tenga miedo de incumplir una norma, quizá hayamos conseguido obediencia. Pero si conseguimos que comprenda por qué esa norma es importante, estamos consiguiendo algo mucho más valioso: estamos educando.
En general una respuesta educativa ante un alumno o una alumna que no cumple las normas de clase podríamos realizar esta secuencia:
- Recordar la norma de forma breve y sin interrumpir la actividad.
- Dar la oportunidad de corregir la conducta en ese momento.
- Volver a enseñar o practicar la rutina si falta comprensión.
- Aplicar una consecuencia lógica y proporcional.
- Hablar en privado cuando sea preciso para conocer las causas, acordar apoyos o evitar una exposición pública.
Por último, las reglas de clase deberán revisarse a lo largo del curso. Revisar no significa cambiar los límites cada vez que incomodan, sino comprobar si continúan siendo claros y útiles.
Porque la convivencia también se aprende
Escuchar, gestionar la frustración, resolver conflictos, respetar límites, ponerse en el lugar de otra persona…se aprende y la escuela tiene un papel fundamental en ese aprendizaje.
Por eso, las normas de clase no deberían ser simplemente un listado pegado en una pared durante septiembre. Deberían convertirse en una oportunidad diaria para enseñar algo que acompañará al alumnado durante toda su vida: cómo convivir con los demás sin dejar de ser uno mismo. Porque cuando un niño entiende que una norma no está ahí para limitarle, sino para ayudar a que todos puedan estar bien, la convivencia empieza a cambiar.
Bibliografía
- Funes, S. (Coord.). (2014). Gestión eficaz de la convivencia en los centros educativos. Wolters Kluwer.
- Pérez Pérez, C. (2009). Valores y normas para la convivencia en el aula: Propuestas didácticas para Infantil, Primaria y Secundaria. Editorial EOS.
- Vaello Orts, J. (2011). Cómo dar clase a los que no quieren. Editorial Graó.

