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Ridiculitis y el remedio genial

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¿Alguna vez has dejado de hacer algo que te gustaba por miedo a que los demás se rieran?

Ridiculitis y el remedio genial, de Montserrat Balada e ilustrado por Monsurós, es un álbum sobre miedo al ridículo, autoestima y confianza en nuestras propias capacidades.

Una historia que anima a los niños a no dejar que las palabras negativas de los demás apaguen sus ideas, sus talentos o las ganas de intentarlo. Porque cada persona tiene algo especial que aportar y, frente a la Ridiculitis, hay un poderoso recordatorio: ¡Soy genial!

SKU: 9788410252400 Categorías: , Etiquetas: , , Editorial:

Descripción

Ridiculitis y el remedio genial

Todos tenemos ideas.

Cosas que nos gustan.

Talentos que queremos mostrar.

Momentos en los que sentimos orgullo por aquello que hemos creado o conseguido.

Hasta que aparece una palabra.

«Horroroso».

«Fatal».

«Desastroso».

Y de repente empezamos a preguntarnos si aquello que hacíamos era realmente tan bueno, si deberíamos volver a intentarlo o si quizá sería mejor dejar de mostrarnos ante los demás.

Ridiculitis y el remedio genial, escrito por Montserrat Balada e ilustrado por Monsurós, es un álbum que invita a los niños a reconocer su propio valor y a no permitir que el miedo al ridículo o las palabras negativas de otras personas apaguen aquello que los hace únicos.

Cuando dejamos de hacer algo por miedo a que se rían

El miedo al ridículo puede aparecer en muchas situaciones.

Levantar la mano en clase.

Enseñar un dibujo.

Bailar delante de otros.

Leer en voz alta.

Proponer un juego.

Ponernos una ropa que nos gusta.

Dar una respuesta sin estar completamente seguros de que es correcta.

A veces tenemos una idea que nos entusiasma, pero antes de compartirla aparece una pregunta:

«¿Y si se ríen de mí?»

Ese miedo puede conseguir que escondamos aquello que queríamos mostrar.

Las palabras también dejan huella

Una palabra puede parecer pequeña.

Pero dependiendo de quién la diga, cómo lo haga y cuándo la recibamos, puede tener mucho peso.

Un comentario negativo puede conseguir que empecemos a dudar de algo que hasta ese momento disfrutábamos.

Por eso este cuento permite hablar no solo de cómo recibimos las opiniones de los demás, sino también de cómo utilizamos nosotros nuestras propias palabras.

Lo que decimos también puede animar, acompañar, herir o hacer que otra persona dude de sí misma.

Una opinión no define quién eres

Que a alguien no le guste nuestro dibujo no significa que dibujemos fatal.

Que nos equivoquemos leyendo no significa que seamos malos lectores.

Que algo no nos salga bien a la primera no significa que no podamos aprender.

Y que alguien se ría de nosotros tampoco convierte automáticamente aquello que hacemos en ridículo.

Aprender a separar una opinión externa de nuestra identidad es un proceso importante para construir una autoestima más sólida.

«Soy genial» no significa «soy perfecto»

El remedio contra la Ridiculitis que propone el cuento contiene un mensaje potente:

¡Soy genial!

Pero sentirse genial no significa pensar que hacemos todo perfectamente.

Podemos equivocarnos.

Podemos tener cosas que todavía estamos aprendiendo.

Podemos descubrir que una idea necesita mejorar.

Podemos recibir una crítica y pensar sobre ella.

Reconocer nuestro propio valor significa comprender que nuestros errores, dificultades o diferencias no eliminan todo aquello que tenemos para aportar.

Todos tenemos talentos diferentes

No todos destacamos en las mismas cosas.

Alguien puede dibujar maravillosamente y tener dificultades para hablar delante de la clase.

Otro puede inventar historias increíbles y no ser especialmente rápido corriendo.

Hay quien construye, quien escucha, quien imagina, quien baila, quien pregunta, quien organiza, quien hace reír o quien observa detalles que nadie más había visto.

Compararnos constantemente puede conseguir que solo veamos aquello que otros hacen mejor.

Mirarnos con curiosidad permite descubrir nuestras propias fortalezas.

Atreverse a mostrar nuestras ideas

Tener una idea es solo el comienzo.

Compartirla requiere exponernos.

Cuando mostramos algo que hemos creado aceptamos que otras personas podrán opinar.

Eso puede dar miedo.

Por eso resulta importante que los niños encuentren espacios donde puedan probar, equivocarse y expresarse sin sentir que cada intento será juzgado.

La creatividad necesita cierta seguridad para poder crecer.

El miedo al ridículo también aparece en el aula

La escuela está llena de situaciones en las que los niños se exponen ante los demás.

Responder una pregunta.

Salir a la pizarra.

Presentar un trabajo.

Leer.

Cantar.

Participar en una actividad.

Preguntar algo que no hemos entendido.

Cuando existe miedo a equivocarse o a recibir burlas, algunos niños pueden optar simplemente por no participar.

Trabajar un clima donde el error y las diferencias puedan ser tratados con respeto favorece que más alumnos se atrevan a mostrar aquello que saben y aquello que todavía están aprendiendo.

Reír juntos no es lo mismo que reírse de alguien

El humor forma parte de nuestras relaciones.

Reírnos juntos puede unirnos.

Pero existe una diferencia importante entre compartir una situación divertida y convertir a una persona en el objeto permanente de la risa.

Podemos enseñar a los niños a observar cómo está viviendo la situación la otra persona.

¿También se está divirtiendo?

¿Ha pedido que paremos?

¿La broma siempre recae sobre el mismo compañero?

Comprender esta diferencia ayuda a construir relaciones más respetuosas.

Cuando alguien intenta hacernos pequeños

Hay comentarios que no buscan ayudarnos a mejorar.

Buscan ridiculizar.

Desanimar.

O conseguir que dejemos de hacer algo.

Ante esas situaciones necesitamos aprender que no todas las opiniones merecen ocupar el mismo espacio dentro de nosotros.

Podemos escuchar a los demás sin entregarles automáticamente el poder de decidir cuánto valemos.

¿Y si realmente me he equivocado?

Confiar en nosotros mismos tampoco significa ignorar cualquier crítica.

A veces otra persona puede señalarnos algo que podemos mejorar.

La cuestión está en aprender progresivamente a distinguir entre una crítica que aporta información y una descalificación que simplemente hace daño.

«Creo que podrías probar de otra manera» no transmite lo mismo que «esto es horroroso».

La forma en que hablamos importa.

Nuestra voz interior también cuenta

No todas las palabras que nos hacen pequeños vienen de fuera.

A veces somos nosotros mismos quienes pensamos:

«No me va a salir».

«Voy a hacer el ridículo».

«Seguro que todos lo hacen mejor».

«Mejor no lo intento».

Aprender a detectar ese diálogo interno permite empezar a cuestionarlo.

Quizá no sepamos si algo saldrá bien.

Pero podemos darnos permiso para probar.

Intentarlo también tiene valor

Vivimos rodeados de resultados.

Quién gana.

Quién termina primero.

Quién dibuja mejor.

Quién obtiene la respuesta correcta.

Pero antes de cualquier resultado existe un proceso.

Atreverse.

Probar.

Practicar.

Equivocarse.

Volver a intentarlo.

Reconocer ese proceso ayuda a que los niños no construyan toda su confianza únicamente alrededor del éxito.

Diferentes no significa peores

Aquello que nos diferencia puede convertirse precisamente en parte de nuestra genialidad.

Nuestra manera de imaginar.

Nuestros intereses.

Nuestro sentido del humor.

Cómo resolvemos un problema.

Las preguntas que hacemos.

No necesitamos convertirnos todos en la misma persona para sentir que pertenecemos a un grupo.

Un entorno verdaderamente respetuoso deja espacio para diferentes maneras de ser y expresarnos.

También importa cómo hablamos a los demás

El cuento puede utilizarse desde dos perspectivas.

¿Qué hacemos cuando alguien intenta ridiculizarnos?

Pero también:

¿Qué efecto pueden tener nuestras palabras sobre otra persona?

Antes de decir algo sobre el dibujo, la ropa, una respuesta o la manera de actuar de un compañero, podemos aprender a pensar cómo podría recibirlo.

Construir autoestima individual y construir convivencia están más relacionados de lo que parece.

Un recurso para trabajar la autoestima

Ridiculitis y el remedio genial puede servir como punto de partida para descubrir aquello que cada niño valora de sí mismo.

No tiene por qué tratarse únicamente de habilidades.

Podemos valorar que alguien sea curioso.

Que se esfuerce.

Que sepa escuchar.

Que tenga imaginación.

Que cuide a los demás.

Que haga preguntas interesantes.

Ampliar nuestra idea de «talento» ayuda a que más niños puedan reconocer aquello que aportan.

Un mensaje que podemos llevar al aula

«Soy genial» puede convertirse en algo más que una frase.

Podemos preguntarnos:

¿Qué se me da bien?

¿Qué estoy aprendiendo?

¿Qué me gustaría atreverme a hacer?

¿Qué he dejado de hacer alguna vez por miedo al ridículo?

¿Qué cosas geniales veo en mis compañeros?

Estas conversaciones permiten trasladar el mensaje del álbum a la realidad cotidiana de los niños.

No dejar que apaguen aquello que brilla

Las opiniones de los demás forman parte de nuestra vida.

Algunas nos ayudarán a crecer.

Otras no nos aportarán nada.

Y algunas incluso podrán hacernos daño.

No podemos controlar todo lo que otras personas dirán sobre nosotros.

Pero sí podemos ayudar a los niños a construir una imagen de sí mismos que no dependa completamente de cada comentario que reciben.

Ridiculitis y el remedio genial recuerda que nuestras ideas merecen tener espacio, nuestros talentos pueden mostrarse y equivocarnos no nos hace menos valiosos.

Porque frente al miedo a hacer el ridículo existe un primer paso muy poderoso:

atrevernos a seguir siendo nosotros mismos.

¿Por qué nos gusta?

  • Aborda de forma divertida el miedo al ridículo.
  • Refuerza la autoestima y la confianza en las propias capacidades.
  • Ayuda a reflexionar sobre el efecto que tienen las palabras de los demás.
  • Permite hablar sobre burlas y comentarios que pueden hacernos dudar de nosotros mismos.
  • Ayuda a diferenciar nuestra identidad de las opiniones externas.
  • Refuerza la importancia de atreverse a mostrar ideas y talentos.
  • Permite trabajar el miedo a equivocarse delante de otras personas.
  • Ofrece mucho recorrido para hablar sobre participación y seguridad en el aula.
  • Invita también a reflexionar sobre cómo hablamos a los demás.
  • Favorece una visión de la autoestima que no depende de ser perfecto.
  • Permite valorar talentos, cualidades y formas de ser diferentes.
  • Está escrito por Montserrat Balada e ilustrado por Monsurós.
  • Recomendado a partir de 5 años.

Ficha técnica

Título: Ridiculitis y el remedio genial
Autora: Montserrat Balada
Ilustrador: Monsurós
Editorial: Carambuco Ediciones
Colección: Tesoros
Idioma: Castellano
Páginas: 44
Encuadernación: Tapa dura
Formato: 25 × 25 cm
Año de publicación: 2025
Edad recomendada: A partir de 5 años
EAN / ISBN: 9788410252400

Materias

  • Álbum ilustrado
  • Autoestima
  • Miedo al ridículo
  • Confianza
  • Autoconcepto
  • Talentos
  • Identidad
  • Burlas
  • Convivencia
  • Respeto
  • Creatividad
  • Educación emocional

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