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Somos un grupo y nos cuidamos

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Max, Pol, Jana, Brian, Oliver, Ayoub, Chaima, Olivia, Maya y Arán comparten clase. Y cuando convivimos cada día con otras personas surgen amistades y buenos momentos, pero también conflictos, enfados, bromas que pueden hacer daño y situaciones en las que alguien no se siente bien.

Somos un grupo y nos cuidamos, de Lídia Casanovas e ilustrado por Mariona Tolosa, es un álbum sobre convivencia, relaciones entre iguales y cuidado dentro del grupo.

Una lectura especialmente interesante para el aula que ayuda a hablar sobre cómo nos comunicamos, qué ocurre dentro de un grupo y qué podemos hacer para construir relaciones en las que todos puedan sentirse respetados, seguros y valorados. Incluye una guía didáctica para profundizar en la propuesta.

SKU: 9788410252264 Categorías: , Etiquetas: , Editorial:

Descripción

Somos un grupo y nos cuidamos

Max, Pol, Jana, Brian, Oliver, Ayoub, Chaima, Olivia, Maya y Arán van juntos a la misma clase.

Comparten juegos, conversaciones y muchos momentos cada día.

Pero formar parte de un grupo no significa que todo resulte siempre sencillo.

Mientras juegan aparecen desacuerdos, enfados y dinámicas que pueden provocar malestar. El grupo tendrá que aprender a expresarse, comunicarse y construir relaciones más sanas.

En definitiva, tendrá que aprender algo fundamental:

a cuidarse.

Formar parte de un grupo también se aprende

Cuando pensamos en la escuela solemos pensar en todo aquello que los niños aprenderán durante el curso.

Pero existe otro aprendizaje que ocurre continuamente y que no siempre aparece escrito en los libros de texto:

aprender a convivir.

Compartir espacio con otras personas implica negociar, escuchar, expresar necesidades, gestionar desacuerdos y comprender que nuestras acciones influyen también en quienes tenemos alrededor.

Somos un grupo y nos cuidamos lleva precisamente ese aprendizaje al centro de la historia.

Los conflictos forman parte de la convivencia

En cualquier grupo aparecen conflictos.

Dos niños quieren lo mismo.

Una broma deja de hacer gracia.

Alguien se siente apartado.

Surge un comentario que hace daño.

Una persona intenta imponer lo que quiere.

El objetivo no puede ser conseguir que nunca exista ningún desacuerdo.

Lo importante es que los niños vayan adquiriendo herramientas para reconocer qué está ocurriendo y aprender diferentes maneras de afrontarlo.

Cuando una broma deja de ser divertida

Una situación puede resultar graciosa para una persona y desagradable para otra.

El libro presenta dinámicas grupales en las que aparecen comportamientos que pueden generar malestar, incluyendo bromas y burlas.

Esto permite introducir una reflexión muy importante dentro del aula:

que algo nos haga gracia no significa automáticamente que sea divertido para todos.

Observar cómo reacciona la otra persona, escuchar cuando pide que paremos y comprender el efecto de nuestras acciones son aprendizajes fundamentales para una convivencia respetuosa.

No solo importa lo que hacemos individualmente

Uno de los aspectos especialmente interesantes de este libro es que coloca el foco en el grupo.

Cuando ocurre un conflicto solemos buscar rápidamente quién ha hecho algo mal.

Pero dentro de una clase existen dinámicas más complejas.

Hay quien inicia una situación.

Quien participa.

Quien se ríe.

Quien observa.

Quien intenta ayudar.

Quien no sabe qué hacer.

Y quien puede estar sintiéndose solo aunque esté rodeado de compañeros.

Mirar al grupo completo permite ampliar la conversación más allá de «quién empezó».

Cuidarnos es responsabilidad de todos

Construir un grupo seguro no depende únicamente del profesor.

Tampoco debería recaer exclusivamente sobre el niño que está teniendo una dificultad.

Todos formamos parte de aquello que sucede dentro del grupo.

Aprender a cuidarnos implica empezar a reconocer esa responsabilidad compartida.

Podemos preguntar cómo está alguien.

Podemos decidir no participar en una burla.

Podemos explicar que algo no nos parece bien.

Podemos acompañar a quien se ha quedado solo.

Podemos pedir ayuda a un adulto cuando una situación nos supera.

Pequeñas acciones pueden cambiar la dinámica de un grupo.

Expresar lo que nos ocurre

Para que los demás puedan comprendernos necesitamos encontrar formas de comunicar aquello que sentimos y necesitamos.

Pero eso no siempre resulta fácil.

A veces nos enfadamos y reaccionamos antes de poder explicarnos.

Otras veces algo nos hace sentir mal y preferimos guardar silencio.

Aprender a expresar el malestar de manera progresiva forma parte también del aprendizaje social.

Este álbum puede proporcionar un contexto desde el que hablar sobre cómo comunicar lo que nos ocurre sin necesidad de esperar a que aparezca un conflicto real.

Escuchar también forma parte del cuidado

Comunicar no consiste únicamente en aprender a hablar.

También necesitamos aprender a escuchar.

Cuando alguien nos explica que algo le ha molestado, nuestra primera reacción puede ser defendernos:

«Era una broma».

«Yo no quería hacerle daño».

«No ha sido para tanto».

Pero nuestras intenciones y el efecto que una acción ha tenido en otra persona no siempre coinciden.

Escuchar cómo se ha sentido alguien puede ayudarnos a comprender mejor lo sucedido y decidir qué podemos hacer después.

El grupo como espacio seguro

Una clase debería ser un lugar en el que los niños puedan aprender sin miedo constante a equivocarse, ser ridiculizados o quedarse fuera.

Ese sentimiento de seguridad se construye poco a poco.

Depende de cómo hablamos.

De cómo reaccionamos ante las diferencias.

De qué ocurre cuando alguien se equivoca.

De cómo respondemos ante una burla.

Y también de si sabemos que podemos pedir ayuda cuando la necesitamos.

Cuidar al grupo significa prestar atención a todas esas pequeñas situaciones que terminan construyendo el clima de una clase.

Todos necesitamos sentir que pertenecemos

Formar parte de un grupo va mucho más allá de compartir el mismo espacio.

Necesitamos sentir que tenemos un lugar dentro de él.

Que podemos participar.

Que nuestra voz importa.

Que nuestras diferencias no nos convierten automáticamente en alguien que debe quedarse fuera.

El sentimiento de pertenencia puede convertirse así en una pieza importante de la convivencia.

No necesitamos ser iguales ni ser amigos íntimos de todos nuestros compañeros.

Pero sí podemos construir un espacio en el que todos sean reconocidos como parte del grupo.

¿Qué podemos hacer cuando vemos que alguien lo está pasando mal?

Esta pregunta resulta especialmente interesante para trabajar con los niños.

No siempre seremos protagonistas directos de un conflicto.

Muchas veces seremos quienes lo observamos.

¿Qué podemos hacer entonces?

Dependiendo de la situación, quizá podamos acercarnos a la persona, no participar en aquello que está haciendo daño, expresar nuestro desacuerdo o buscar la ayuda de un adulto.

Aprender que quienes observan también pueden tener capacidad de actuación ayuda a construir grupos donde el cuidado sea realmente compartido.

Pedir ayuda también es cuidarse

Hay situaciones que los niños no pueden ni deben resolver solos.

Si un conflicto se repite, existe intimidación, alguien tiene miedo o simplemente no saben qué hacer, recurrir a un adulto es importante.

Pedir ayuda no significa fracasar intentando solucionar un problema.

Forma parte de disponer de una red de personas capaces de protegernos y acompañarnos.

Los adultos seguimos teniendo la responsabilidad de intervenir cuando la situación lo requiere.

Una herramienta especialmente pensada para el aula

Por su planteamiento, Somos un grupo y nos cuidamos tiene un recorrido especialmente potente dentro de contextos educativos.

La historia permite reconocer situaciones próximas a la experiencia cotidiana de los niños y conversar sobre ellas desde cierta distancia.

En lugar de señalar inmediatamente un conflicto concreto de nuestra clase, podemos comenzar preguntándonos qué ocurre con los personajes.

¿Cómo creéis que se siente?

¿Qué está pasando dentro del grupo?

¿Qué podrían hacer?

¿Quién podría ayudar?

La ficción crea así un espacio desde el que pensar juntos.

Observar las dinámicas del grupo

Dentro de una clase pueden aparecer roles y dinámicas que terminan repitiéndose.

Quién decide siempre el juego.

Quién suele quedarse fuera.

Quién hace reír a los demás.

A quién escuchamos.

A quién interrumpimos.

Quién suele intervenir cuando existe un conflicto.

Observar estas dinámicas puede ayudarnos a comprender que la convivencia no depende únicamente de comportamientos individuales aislados.

El grupo también construye sus propias formas de relacionarse.

Y esas formas pueden cambiar.

Cuidarnos no significa evitar todos los problemas

Un grupo que se cuida no es un grupo en el que nunca nadie se enfada.

Tampoco es un grupo donde todos tienen que ser amigos.

Es un grupo capaz de reconocer cuando algo no está funcionando y buscar maneras de repararlo.

Podemos equivocarnos.

Podemos hacer daño sin haber querido hacerlo.

Podemos discutir.

Y también podemos aprender a escuchar, responsabilizarnos y construir nuevas maneras de relacionarnos.

Incluye una guía didáctica

Uno de los valores añadidos del libro es que incluye una guía didáctica que permite ampliar el trabajo después de la lectura.

Esto lo convierte en un recurso especialmente interesante para docentes y familias que no quieren quedarse únicamente en la historia, sino utilizarla como punto de partida para profundizar en las relaciones, emociones y dinámicas que aparecen dentro de un grupo.

La propuesta puede acompañar conversaciones sobre convivencia, cohesión, conflictos y cuidado colectivo.

De compartir clase a construir grupo

Estar juntos en una misma habitación no nos convierte automáticamente en un grupo.

Un grupo se construye.

Se construye cuando aprendemos los nombres de los demás.

Cuando escuchamos.

Cuando encontramos nuestro lugar.

Cuando podemos expresar lo que necesitamos.

Cuando detectamos que alguien no está bien.

Cuando buscamos ayuda.

Cuando reconocemos que hemos hecho daño y tratamos de repararlo.

Somos un grupo y nos cuidamos nos invita precisamente a observar ese proceso.

Porque convivir no consiste únicamente en conseguir que cada niño se comporte correctamente de manera individual.

También significa aprender que lo que hacemos influye en el grupo del que formamos parte.

Y que entre todos podemos construir un lugar en el que resulte más fácil sentirse respetado, seguro y valorado.

¿Por qué nos gusta?

  • Sitúa el foco en las dinámicas del grupo y no únicamente en comportamientos individuales.
  • Presenta conflictos cotidianos reconocibles dentro del entorno escolar.
  • Permite hablar sobre bromas, burlas y situaciones que generan malestar.
  • Ayuda a reflexionar sobre el papel de quienes observan un conflicto.
  • Trabaja comunicación, escucha y expresión de necesidades.
  • Refuerza la idea de cuidado como responsabilidad compartida.
  • Permite hablar sobre pertenencia y seguridad dentro del grupo.
  • Normaliza pedir ayuda a un adulto cuando una situación lo requiere.
  • Ofrece mucho recorrido para trabajar cohesión y convivencia en el aula.
  • Puede utilizarse para observar roles y dinámicas que aparecen dentro de una clase.
  • Parte de una idea elaborada junto al colectivo Fil a l’Agulla.
  • Incluye una guía didáctica para continuar profundizando después de la lectura.
  • Está ilustrado por Mariona Tolosa.
  • Está especialmente recomendado a partir de 5 años.

Ficha técnica

Título: Somos un grupo y nos cuidamos
Autora: Lídia Casanovas Abancó
Ilustradora: Mariona Tolosa Sisteré
Traducción: Ana Mata Buil
Editorial: Carambuco Ediciones
Colección: Tesoros
Idioma: Castellano
Páginas: 36
Encuadernación: Tapa dura
Formato: 20 × 25 cm
Año de publicación: 2025
Edad recomendada: A partir de 5 años
EAN / ISBN: 9788410252264

Materias

  • Álbum ilustrado
  • Convivencia
  • Relaciones entre iguales
  • Cohesión de grupo
  • Conflictos
  • Comunicación
  • Cuidado
  • Respeto
  • Empatía
  • Pertenencia
  • Inclusión
  • Relaciones saludables
  • Escuela
  • Educación emocional

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